Blog creado para las fichas de lectura del curso Didáctica del Lenguaje 1

lunes, 13 de noviembre de 2017

Nussbaum, L. La discusión como género discursivo y como instrumento didáctico. En Hablar en clase. Cómo trabajar la lengua oral en el centro escolar (pp.19-28).

En este texto se desarrolla específicamente la discusión como un género e instrumento didáctico, es decir, que a través del diálogo se aprende. (p.19) La educación lingüística tiene dos metas, una como medio de aprendizaje y otra como objeto de reflexión, por lo tanto, explica la discusión como un género y como las practicas en el aula de este género actúa en función del conocimiento (p.20). Además, realiza la amalgama de las dos acepciones de discusión, que serpia conversar, debatir y disputar (p.20)
Para que la discusión surja como género, es importante asumir una simetría de los interlocutores, que no es siempre fija, es decir, se asume que uno sabe más que el otro, definiéndolo como una complementariedad (p.21). También, se señala que la discusión requiere un cierto grado de formalidad y que tiene una finalidad más allá de la relación social, por ende, el resultado de una discusión persigue la articulación de distintos puntos de vista sin afectar las imágenes individuales de las personas (p.21). Así entonces, resume la discusión como un género frágil que depende de cuatro factores: Complementariedad, cooperación, finalidad y formalidad. Cuando uno de estos se rompe la discusión pierde su sentido.
La discusión en el aula persigue la exploración y elaboración de conocimientos (p.23), debido a una secuencia en donde los estudiantes tienen mayor participación que el profesor, debido al carácter lícito de las intervenciones que efectúen los alumnos (p.24), “así entonces los alumnos podrán desplegar roles comunicativos mucho más variados que la elicitación (p.24). Además, se acepta desde la elaboración de la discusión por su carácter cooperativo y complementario, que los estudiantes organicen su discurso desde distintos modos. Es por esto que menciona las preguntas de tipo personal o mas reflexivas para que los alumnos respondan fuera del marco del contenido, para que participen entregando una reflexión personal y así entablar una discusión.
Esta participación de los estudiantes aumenta cuando la discusión de desarrolla en grupos (p.25). Además, si no hay una autoridad evaluadora hay mayor libertad para expresarse tomando riesgos que no harían en presencia de un docente. (p.25) Este tipo de discusión es complementaria, de cooperación y además simétrico entre ellos. Hay un riesgo de las actividades grupales cuando uno de los alumnos asume el rol de docente, lo que deriva en conversaciones entre los demás sin el objetivo planteado (abandono del tema, conversaciones no académicas, etc.) (p. 26)
Una de las conclusiones de este texto es que no es solo el trabajo del área de lenguaje el que permita “enseñar a hablar”, si no es trabajo colectivo de todos los docentes y de la institución (p.27) Los lenguajes específicos de cada área son los objetos de estudio, el contenido y permiten la reflexión. Que los docentes y estudiantes tomen conciencia de la discusión como un genero muy presente no solo permite que los estudiantes sean participantes activos de la sociedad, sino también para “poder detectar las relaciones entre lenguaje, poder y cultura” (p.27)
El foco principal del texto es proponer la discusión como un género discursivo que tiene una utilidad enorme en el aula, para distintos propósitos, sobre todo, el de generar conocimientos nuevos. Señala una discusión, más allá de conversaciones espontáneas o argumentales, sino más bien como una estrategia didáctica que aborda nuevos contenidos no solo desde la lingüística o las lenguas, sino desde cualquier área disciplinar.
Resulta interesante valorar el texto que nos abre una nueva perspectiva acerca de discutir y de “cómo discutir”, por ejemplo, en el desarrollo de una Practica generativa sobre discusiones productivas (6), donde, en primer lugar, el foco no está puesto en discutir como debatir, sino también en reformular, complementar, por lo que una discusión permite generar un conocimiento nuevo y compartido por los interlocutores.


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