El
artículo de Benveniste indaga brevemente en algunas consideraciones en torno al
estudio de la lengua hablada. La autora expone que las investigaciones sobre la
oralidad son recientes y han derivado de las investigaciones de antropología
lingüística desarrollados a fines del siglo XX, debido a distintos prejuicios
que se han generado sobre el lenguaje hablado. Un primer alcance es la
utilización de la nominación “oralidad” versus “lenguaje hablado”, ya que este
último se opone al escrito, e inmediatamente se le localiza en un nivel
inferior. Como expone la autora, la lengua hablada evoca recelos por su
asimilación a titubeos, errores propios del discurso oral y estructuraciones
gramaticales que no han sido aceptadas históricamente por los círculos
académicos.
Históricamente,
la lengua escrita se ha descrito en términos de validez, sin embargo,
Benveniste plantea que estas poseen una estructura gramatical compleja, la cual
no ha sido investigada en profundidad. Dos de los prejuicios que se vinculan a
la oralidad, son la ley del menor esfuerzo y la ley de expresividad, ya que la
producción inmediata generaría un menor esfuerzo por parte del hablante. No
obstante, la autora defiende que esto se debe también a una predisposición del
oyente, quien, al enfrentarse a esta producción, omite construcciones complejas
en la búsqueda de un sentido general de lo expuesto. De esta manera, Benveniste
explica que la comparación de una producción oral con un escrito finalizado no
es válida, sino que la primera debe ser comparada con un borrador de un texto
escrito, es decir, entendida como un pre-texto.
Dos
ideas resultan interesantes sobre este artículo, en primer lugar, el papel del
oyente en la percepción y valoración de la producción oral y, en segundo, la
noción de pre-texto enunciada previamente. Con respecto a la primera idea, la
autora plantea que “cuando se trata de nuestra propia lengua, más que escuchar,
reconstruimos los enunciados” (Benveniste 2008: 24), esta reconstrucción se
realiza en torno a las previsiones que hacemos sobre los enunciados, las que
están sujetas a grados de probabilidad. Así, el receptor oye de acuerdo con la
probabilidad del enunciado y también “en función de los juicios que hace sobre
el hablante” (ibid.). Esto genera, que se omitan construcciones que son menos
probables en la producción oral, ya que se busca el sentido de la enunciación. En cuanto a la segunda idea, la descripción
de la producción oral como pre-texto implica comprender el lenguaje hablado
como si el texto estuviera producido por trozos (Benveniste 2008: 22). La
autora entiende la producción escrita como una serie de fragmentos, que
implican una “organización importante de ritmos” que deben estudiarse y
valorarse como las estructuras gramaticales producidas en la escritura.
Las
ideas expuestas por Benveniste permiten reivindicar el estudio de la producción
oral como fuente importante de investigaciones en torno a la lengua. Las
distintas estructuras que se producen en el lenguaje hablado implican
elaboraciones complejas por parte de los hablantes, las cuales deben ser
indagadas. Las consideraciones expuestas por la autora son un punto de partida
en el estudio de la oralidad, instalando la discusión sobre la superioridad
histórica del lenguaje escrito sobre el hablado, que se basa en la
estandarización lingüística de los estudios académicos. De esta manera, se
considera un aporte a los estudios sobre la lengua, ya que abre el campo investigativo
sobre una temática que todavía es reciente.
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