Blog creado para las fichas de lectura del curso Didáctica del Lenguaje 1

lunes, 13 de noviembre de 2017

Blanche Benveniste, C. (1998). Algunas características de lo oral. En Estudios Lingüísticos sobre la Relación entre Oralidad y Escritura (pp. 19-28). Barcelona: Gedisa.

El artículo de Benveniste indaga brevemente en algunas consideraciones en torno al estudio de la lengua hablada. La autora expone que las investigaciones sobre la oralidad son recientes y han derivado de las investigaciones de antropología lingüística desarrollados a fines del siglo XX, debido a distintos prejuicios que se han generado sobre el lenguaje hablado. Un primer alcance es la utilización de la nominación “oralidad” versus “lenguaje hablado”, ya que este último se opone al escrito, e inmediatamente se le localiza en un nivel inferior. Como expone la autora, la lengua hablada evoca recelos por su asimilación a titubeos, errores propios del discurso oral y estructuraciones gramaticales que no han sido aceptadas históricamente por los círculos académicos.
Históricamente, la lengua escrita se ha descrito en términos de validez, sin embargo, Benveniste plantea que estas poseen una estructura gramatical compleja, la cual no ha sido investigada en profundidad. Dos de los prejuicios que se vinculan a la oralidad, son la ley del menor esfuerzo y la ley de expresividad, ya que la producción inmediata generaría un menor esfuerzo por parte del hablante. No obstante, la autora defiende que esto se debe también a una predisposición del oyente, quien, al enfrentarse a esta producción, omite construcciones complejas en la búsqueda de un sentido general de lo expuesto. De esta manera, Benveniste explica que la comparación de una producción oral con un escrito finalizado no es válida, sino que la primera debe ser comparada con un borrador de un texto escrito, es decir, entendida como un pre-texto.
Dos ideas resultan interesantes sobre este artículo, en primer lugar, el papel del oyente en la percepción y valoración de la producción oral y, en segundo, la noción de pre-texto enunciada previamente. Con respecto a la primera idea, la autora plantea que “cuando se trata de nuestra propia lengua, más que escuchar, reconstruimos los enunciados” (Benveniste 2008: 24), esta reconstrucción se realiza en torno a las previsiones que hacemos sobre los enunciados, las que están sujetas a grados de probabilidad. Así, el receptor oye de acuerdo con la probabilidad del enunciado y también “en función de los juicios que hace sobre el hablante” (ibid.). Esto genera, que se omitan construcciones que son menos probables en la producción oral, ya que se busca el sentido de la enunciación.  En cuanto a la segunda idea, la descripción de la producción oral como pre-texto implica comprender el lenguaje hablado como si el texto estuviera producido por trozos (Benveniste 2008: 22). La autora entiende la producción escrita como una serie de fragmentos, que implican una “organización importante de ritmos” que deben estudiarse y valorarse como las estructuras gramaticales producidas en la escritura.

Las ideas expuestas por Benveniste permiten reivindicar el estudio de la producción oral como fuente importante de investigaciones en torno a la lengua. Las distintas estructuras que se producen en el lenguaje hablado implican elaboraciones complejas por parte de los hablantes, las cuales deben ser indagadas. Las consideraciones expuestas por la autora son un punto de partida en el estudio de la oralidad, instalando la discusión sobre la superioridad histórica del lenguaje escrito sobre el hablado, que se basa en la estandarización lingüística de los estudios académicos. De esta manera, se considera un aporte a los estudios sobre la lengua, ya que abre el campo investigativo sobre una temática que todavía es reciente. 

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